Cartita

Cartita
Disculpad si, a menudo, no contesto a vuestros amables comentarios. La falta de tiempo me lo impide.
Os los agradezco de corazón y espero de vuestra generosidad que sigáis haciéndolos. De ellos me nutro.

A siete calles de tu hogar


A siete calles de tu hogar
tomaré el autobús nocturno
y entre el caos
y tediosas arquitecturas
me iré con la noche proletaria.

Recorreré puentes y cañadas,
lomas y bares
a pie de carretera.

Circularé sin remisión
por la autopista
triste, con teléfonos para emergencias.

Vislumbraré constelaciones
y cuando me rinda el sueño,
sabré que la lejanía
es poco más que un paisaje pobre
que sólo habitas tú.

               
                © Felipe Sérvulo
"Casi la misma luz"
Tágilis Ediciones, Almería, 1999.


De repente todo me habla de ti


De repente todo me habla de ti:
el telediario de la noche,
el loro de madera,
tu Nancy ropitas,
las flores en su florero
y tantas hojas otoñales
que van cayendo
de los calendarios...

Hay un diosecillo
especialmente cabrón
que se ha instalado
entre el yunque y el estribo
y me mortifica
con la letanía de tu nombre.

Caigo en la cuenta:
ese es el IVA
que debo pagar por amarte.

Sencillamente una persona
es una brizna,
tal vez nada,
si acopia soledades,
confunde ilusiones
y no cancela la hipoteca
de su propio olvido.


© Felipe Sérvulo
Del tiempo y otras fruslerías”

Ir a las rebajas de El Corte Inglés


Dicen que la estrella Polar
cambia cada veinte mil años.
Pero eso no debe preocuparnos,
para entonces 
ya no tendremos recuerdos,
ni un mal beso
que llevarse a la boca.

Tal vez, lo mejor ahora
sea levantarse pronto
y sacudirnos el tedio.

Darnos un chute de vida,
tomar ese sol invernal
-va tan bien para los huesos;
e ir a las rebajas
de El Corte Inglés,
remover todas las plantas
y no comprar nada.

Pero lo mejor del día,
es cuando pides un chocolate
y entre sorbo y sorbo
me miras golosa y dices:
- ¿Sabes?
Aún te sigo queriendo.

© Felipe Sérvulo
Del tiempo y otras fruslerías”

Felipe, no sé volar


¿Ves el Mediterráneo?
- Felipe, no sé volar.

Y sin embargo te elevas
en esta ciudad sin nombre,
donde me cobijas
cuando no queda un horizonte
que llevarse al corazón.

Pero... ¿No ves el Mediterráneo?
- Felipe, no sé volar.

Hay un mendigo en la esquina,
un cuerpo entristecido
que se ofrece por cuarenta.
Hay una tarde extraviada
cuando estás ausente.

Y cicatrices que restallan
porque cierras los ojos.

© Felipe Sérvulo
"El último vagón"

En la tumba de Antonio y Ana

Me abruma Collioure.
Tanto sol, tantas personas impasibles
en el mercadillo de la Placette.

Esta mañana, antes de la vuelta,
dejé flores y poemas con tu nombre,
en la tumba de Antonio y Ana.

Todas las tardes del mundo
son 22 de febrero.


© Felipe Sérvulo
"Ahora que amaneces"
Playa de Ákaba, Getafe, 2013

Pienso en tu casa como un paisaje sin fin


Pienso en tu casa
como un paisaje sin fin
donde tanto madruga el invierno.

Y no sabemos si enero
se quedará con nosotros
o, tal vez, sea un suceso
sin trascendencia,
ahora que la ventisca
parece que amaina
y puede que vuelva pronto
la floresta y el mediodía.

Entonces otro solsticio
vendrá con su manto
de buenas costumbres
y con un sol casi domestico
que todo lo hermosea.

Nos sentaremos
en la mesa de los parias
y cortaremos pan de amor
con las manos.
Eso nos salva.


© Felipe Sérvulo
"El último vagón"

La ruta de la seda




Deslumbra la soledad
de una tarde de domingo
en este invierno bronco
y qué extraño resulta Liszt
cuando abro la puerta
-Sueño de amor-
en un bar desierto.

De pronto acuden
el sol y las estrellas
en este pertinaz baldío:
tú y Neruda me rescatáis
de la aguanieve del tedio,
¿de quién será este poema?

A veces ocurren milagros
en esta ciudad perdida,
tan alejada
de la ruta de la seda
de tus ojos.

© Felipe Sérvulo
"El último vagón"



Hay horas que se extravían


Hay horas que se extravían
en el fragor de la noche
y temor a escribir
los mismos versos de siempre.

Qué pensar ahora que dices
que llueve por Barcelona,
que hace tanto hace frío
o que nuestras palabras
apenas tienen razón
sin se reducen a un mensaje proletario
o una conversación Movistar
con tarifa de triste memoria.

El telediario nocturno
trae noticias
de un Parlament cocido
en sus propias esencias,
mientras en el sur refulge
una luna tan llena
como tu propio eco.

Y la necesidad de regresar
a una calle perdida
de Ciutat Vella,
donde hay trenes
que circulan sin paradas
hasta los confines
de tu cuerpo.

© Felipe Sérvulo
"El último vagón"

Escribe con tus manos una carta


Existe una raíz secreta
que penetra en los sentimientos
y se nutre de una voz,
un paisaje, una música...

Hay una calle y un instante,
un mar de palabras
y una risa que enmudece
porque viene desconsuelo.

Hay una noche
que quiere ser madrugada,
ahora que desde el río
sube la niebla
y lleva grabado tu nombre.

Escribe con tus manos
una carta y nunca pongas el remite.
Por destinatario pon tus señas,
para que siempre recibas
esa voz, un paisaje, una calle
la música y esa noche.

Y una risa sin herir.


© Felipe Sérvulo
El último vagón
Jaén, 2014



La tristeza es un viaje sin fin


Cuando me miras
nace un color nuevo,
un zodiaco transversal
que profetiza buena suerte
para siempre.
Un tiempo de ensueño
que cierra las Rondas
al instante en que pasas,
porque vas camino
de incendiar la tarde.

De pronto me dices
que 2014 será mejor,
que nuestras palabras
se volverán poemas;
que los poemas
irán de corazón en corazón
hasta envejecernos,
mientras, en la esquina de Muntaner,
una pareja se besa
como si fuera
a terminarse el mundo.

Y atraviesas la avenida
sin mirar atrás,
porque sabes que la tristeza
es un viaje sin fin.


© Felipe Sérvulo
"Láudano"






Queda un amor a las cinco en punto


Queda un amor a las cinco en punto
cuando la luz palidece,
porque ya es invierno.

Hay miradas que confortan,
acaso llovizna y me prende
ese ardor que guardas,
que es pasión sin condiciones.

Horas que se vuelven
ancianas prematuras
y mueren por momentos
en el fragor de la tarde.

Tiene la calle
espejos en las esquinas
y aceras que nos llevan
al exilio.

Barcelona se hace nueva
y tú me la regalas.


                 © Felipe Sérvulo
                 "Láudano"

¡Feliz 2014!

Inventemos amaneceres:
cuando llegue el crepúsculo,
poniente será levante,
levante se hará horizonte limpio
y siempre estrenaremos
años nuevos.

Tanta sed de ti


EN nuestra alcoba clandestina, 
entre tus poemarios, 
dejaré mi última carta.

En nuestra alcoba sin puertas, 
ni ventanas. Sin paredes. Sólo tú y yo 
y la vida resplandeciendo.

Resplandeciendo y tanta sed de ti.


© Felipe Sérvulo
"Ahora que amaneces"
Ediciones Playa de Ákaba, Getafe, 2013






Qué ciudad era aquella

Qué ciudad era aquella
donde tu cuerpo pasaba silente
y volvían a nosotros
el prodigio de los días jóvenes.

Tú, que traías palabras redentoras
que cuando llegaban a mi cuerpo
ya eran tu labios.

Pero hubo un lunes que anocheció deprisa.
Y no había pena en la despedida,
pero llegó la sed
cuando en el tren de vuelta
le llamaste:
                    - Estoy en casa en cinco minutos.

Yo seguí el viaje
sin saber en que barrio
aparecerás otra vez,
para encender
las calles con tu nombre.

                  © Felipe Sérvulo
                  "Láudano" 



Tu nombre que no tiene palabras


Es probable que no te encuentre
cuando recorra la ciudad
y las calles sean un país extraño.

Quizás te escondes
en una lágrima.

Que en mis ojos habitan
el musgo y la piedra,
el desamor. Tu nombre 
que no tiene palabras.   


© Felipe Sérvulo
"Casi la misma luz"
Tágilis Ediciones
Almería





No bastaba ser poeta para amarte


Te esfumaste en los relojes
cuando más te necesitaba.
Y te quedaste prendida
en mi memoria,
rubia y lejana como el norte.

La ausencia
te hizo mujer sólo.
Carne inviolable.

Deseo que quedó en sueños
y océanos de espumas.

Quedaron tus dorados
lejos al irte.
Tus bucles eran, ya, soledad
demasiada y próxima.
Y crucé el umbral de mi nostalgia,
en viaje de vuelta
ya sin ti.


© Felipe Sérvulo
"Las noches del Sur"

Pétalos dormidos entre versos de Cernuda


Somos sólo días gastados,
pétalos dormidos
entre versos de Cernuda,
una historia de NO-DO,
algún obituario compañero,
- Fue feliz contigo,
siempre le recordaremos...

Luego la desolación
en una España entristecida.

Los pecados mortales
del sexo
son los que no cometimos,
la belleza de los veintitantos
que no gastamos.

Antes que la vida,
nos robaron los sueños.


"Paisaje del trigo"
© Felipe Sérvulo

Aparecieron las horas


APARECIERON las horas,
pero las horas eran tuyas
y te volvían por el crepúsculo.

Aquí sólo reina el tiempo,
me dijiste,
y los blancos rebordes
de las formas.

Apareció el camino
y pensé donde tu cuerpo,
pero mis manos de nubes
encontraron la lluvia,
hielo en el patio
y su cerezo seco.

Hierve el mercurio
de la fiebre
y la loba que baja
y bordea la cama fría...

Al levantarme,
encendí tu nombre
y el candelabro de plata
para seguir viviendo.

Que al despertar,
me confunde la aurora
y la aurora al día
y el día que te pierde.


© Felipe Sérvulo
“Diálogo del paisaje”
Cartografía de la materia
Diputación Provincial  
Jaén, 2005


Fotos y poemas que han vencido el olvido