Donde el dolor no envejece


1903

DEBO irme.

Por mis pasos sabrás
que soy tierra,
soy ventisca,
lejos de nuestra morada.

A la dudosa luz de la vigilia,
déjala, que encierra desolación.

Escribe mi nombre
con tu sangre,
que estaré al cabo del invierno,
donde el dolor no envejece.

Encendí tu nombre



AL LEVANTARME,
encendí tu nombre
y el candelabro de plata
para seguir viviendo.

Que al despertar sin ti,
me confunde la aurora
y la aurora al día
y el día que te pierde.

Algunas veces



ALGUNAS veces traspasábamos
los muros encalados
de nuestra habitación
y revolábamos sobre la tierra
y sobre los mares
como prodigio de otoño.

Ese fue nuestro ajuar humilde:
lavanda, sándalo, enebro...

Te nombro algunas tardes,
que es como regresar
a nuestra casa viva.

Y tú, vibrando en lo oscuro
eras el territorio
donde el tiempo terminaba.

Te lo juro hoy

1910

DONDE quieras que estés,
me trae el aire
el aroma del espliego en flor,
tristeza verde
y soledad que callo.

Te lo juro hoy, que escampa el día
y tanta vida queda por delante.

Que esta noche no te pierda

1907

SIEMPRE creí
que lejos de tu aliento
no vería salvación.

Y tanto me faltaste
que te siento
como lo que llaman locura,
que es como el claustro
de la muerte.

Mi ruego: que esta noche
no te pierda
al cerrar los ojos.

Rambla del Mar

1911

YO TAMBIÉN he estado allí.
Donde habitan palmeras, pájaros,
el esplendor del sol,
el azul brillante y los sueños
que se adentran
más allá del rompeolas.

Luego la noche llena,
frío y otros paso diferentes
sobre el mismo suelo:
Fanny, devórame por cuarenta.

El malva de sus medias y la mirada
de paisajes perdidos.

Después de todo
la soledad no se detiene,
Rambla del Mar,
ni en calles como esta.

¡Hasta septiembre!


Que tengáis buenas vacaciones y buenas lecturas.
Un abrazo.

Paisajes inexplorados

1928
Acaso no sabes el secreto:
allá, en el confín,
te enredas siempre
con una estrella,
si miras con lujuria
el paso de los tiempos.
Si te fundes un instante
en lo esotérico, si te pierdes
con gnomos, hadas,
tritones y musas.

Si por soñar sueñas,
que todavía quedan
paisajes inexplorados
y brisas matutinas
y manos enlazadas
que ya no buscan el regreso.

Eros nace y muere como las rosas

ESTA NOCHE puede ser noche
de sándalo y malvasía.
Eros nace y muere como las rosas
a cada instante.

Diamantinos brillan tus ojos
en la penumbra que nos rodea,
yacer en tibio lecho
es algo más que una promesa.

Entre tus rizos
y tu vientre aflora el éxtasis,
la pasión es un fulgor
entre las blancas paredes.

El piélago de tus labios

TENGO en mi rostro mil surcos
recorridos por tus olas.
Sinfonías inacabadas
y suspiros que se apagan,
al recordar las notas breves
de tus latidos
y el piélago de tus labios.

Leer en tus pupilas

QUISIERA todavía
sentirte en la distancia.
Leer en tus pupilas,
llegar a la frontera
cálida y lejana de tu lecho
y recordar alguna historia
tan cierta como nuestra.

Tu ventana

1921
ME DEJAS al ocaso,
sólo la vida que emana
de aquel pequeño rectángulo.

Tu querencia, breve brisa,
se agiganta,
tras tu sombra enclaustrada,
que me hiela en la distancia,
cuando tú la luz apagas.

Y ya nada queda
tras la ventana.

Y levadura tu cuerpo

1904
SEA POR TI el desorden
y el nácar en la lengua.
No la urgencia rebelde
que nos cerca y olvida. Deja
que tu piel sea lentisco,
sea jara y romero.

Sea tomillo, sea palabras
y sea memoria. Deja
que este abril sea milagro,
como nido, como deseo.

Que el impudor nos acose.

Sepa a noches. Sepa a mirra.
Que tu boca como uvas.

Y levadura tu cuerpo.

Ese tabaco visitando tu boca

1922
DE NUEVO este desconsuelo
y esa urgencia por tenerte.

De nuevo ese tabaco visitando tu boca
y dos gotitas de tu perfume favorito.

De nuevo ese lamento inútil
y ese umbral que ya no paso.

Dime cuando me mandarás
el inventario de tantos silencios.

Cuando me mandarás la naftalina,
el encaje del tomillo
y el cofre pequeño
donde hemos guardado
tantas palabras.

Malvasía en tus palabras

1921
PROMISCUO sabor a ti.
A tus ojos como labios.
Me besas si me miras,
festejo la libertad de saberte.

Malvasía en tus palabras.

Malvasía y domingos
en tus silencios. Sólo
te pierdo en la derrota,
opacos los párpados en el sopor.

Me apasionas y te busco.

No te encuentro nada más
que en los recuerdos.

La ciudad infinita

EXISTES. Porque veo el rayo
inacabable de tus ojos. Y sé
de tus oráculo. De cuando
invades la penumbra,
iluminas la ciudad infinita.

Y me retomas desde un vaho
de crisantemos.

En la siembra de mayo

TENDRÉ EL AZOGUE
de todas tus lunas.
El hálito que fertiliza
el laboreo
y, en la siembra de mayo,
volverás zalamera de ámbar
y seda china,
para quedarte en los surcos
de mis arterias.

Tu mirada, el río de la paz



PRONTO SERÁS TIERRA EXTRAÑA
y marfil la savia de tus venas.

Dueña del dolor
arcángel de la morada perpetua
y de la zarza.

Hoguera que consume
las sílabas del hombre.
La luna no es y violeta
redobla la campana.

Tu mirada, el río de la paz.

Recuérdame

1909
NO ME RECUERDES
desde tan al norte.
Recuérdeme
cuando el viento
mueva la parva.
Cuando los días
sean sólo levadura de ti.

El uso amargo del adiós

PASA EL TIEMPO,
ni sombras en la calle.

Y el amanecer que sorprende.

Monte arriba,
los senderos solos.

Garzas blancas
en las salinas
y el uso amargo de adiós.

Como simiente

1909

RACIMAS LA SOLEDAD
y te vuelves diminuta
en la orilla del camino.

Digo tu nombre,
y, a las primeras gotas,
eres púrpura y eres nueva
en los rebrotes de mayo.

Pan de gloria



ESPUMEAS EL PUCHERO
y amasas la esencia de la espiga
y las aceitunas.

Al rescoldo de la lumbre
arrimas tus manos.

Hueles a brega, a leño,
a pan de gloria.

El bulevar del adiós



SI TE NOMBRO te pierdo
y tengo que imaginarte
en la penumbra.

De carne no,
de crepúsculos sencillos,
de casi aire.

Te mandaré un arcángel,
que el bulevar del adiós
es largo y sin consuelo.

Tú sabes: a buscarte.

Se ha hecho tarde



SE HA HECHO TARDE,
se fue el acoso del espliego
y el aire que huele
a sierra encendida
y romería.

Pero estaré esta madrugada
hasta las siete en punto;
luego será metal
y recuerdos rebeldes.

Por la tarde tan sólo tu retrato,
tus labios como fruta,
nubes y corazón en hilachas.

Con Enrique Badosa


Marcho unos días de viaje con Enrique Badosa, uno de los más importantes poetas actuales, a participar en un homenaje en su honor organizado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Roquetas de Mar (Almería) y coordinado por mi amiga Pilar Quirosa, miembro de la Directiva de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. El acto será el día 6 de marzo a las 20.00 en el Museo-Castillo de Santa Ana de dicha ciudad almeriense.

Antes del invierno

1903


AL MENOS LUCIÉRNAGAS
en esta soledad.

Y un azuleo
como el del mar nuestro,
para cuando los días humillen.

(Antes del invierno,
de nuestro definitivo invierno,
repuebla el nido madre
y mi tacto primigenio
se colme de tu esencia.)

La escarcha

1916

Serás luz
sobre los escombros
de lo que un día fue brasa
y cuerpo amado.

El hilo pulcro del ajuar,
la hogaza sobre la mesa,
las voces por los cerros,
la primera escarcha
que anuncia el frío.

Y antes del derrumbe,
la flor de la espadaña.

Amaremos la tierra

1915

Donde esté la luz
amaremos la tierra.
Donde el alborear sea bálsamo
en el frío ceniciento
de la heridas.

Mientras, solidariamente,
envejeceremos.

Viejos soles


1909
Intentaremos la unión imposible
de puros sueños
con el polvo de los caminos. Allá
donde el destierro
fuera olvido.

Donde perdiéramos
la rosa de los vientos
y en vano anheláramos
el esplendor de viejos soles.

Este amanecer abrigaremos esperanzas




Tú sabes la furia
de veinticuatro horas
como brasas.

Tú sabes tejer secretos
y callas
las noches sin sueños.

Más, es pronto aún,
no digas penumbra,
eternidad o miedo.

Este amanecer
abrigaremos esperanzas.

Sólo te encuentro en los recuerdos



SÓLO te encuentro en los recuerdos,
tan azules que me hielan.
Pertinaz tu nicotina o tu sonrisa.
Un café apenas es nada. O es un sueño
en tan larga distancia.
Inútiles pueden ser tantos pasos,
humedad y niebla en mis ojos. Lo mismo
vienes que te vas: te meces
ensortijada en mis neuronas.

A veces creo que he perdido el horizonte



ALGUNOS días
siento el ingrávido paso
de tu cuerpo.

Ocurre que al trasluz la ventana
es un ensueño
y todo queda en una metáfora
de transparencias.

A veces creo
que he perdido el horizonte.

Entonces entreabro la puerta
para que entre un rayito. Al menos.


Felices fiestas

Quedan sueños, / quédate al rumor / de la noche.

Tu carmín

Algunas tardes,
casi siempre por el otoño,
miro furtivamente a las jovencitas
para ver de reencontrarte.
Pero enseguida anochece
y sólo veo tu carmín
como un vuelo.
Pero pronto lo pierdo amor,
porque me falta tu luz.
1913


Si me llamas y no estoy,
déjame grabado un sueño.

Sea tu voz en bronce
y un pequeño dios
en las palabras.

Déjame las calles en rumor
y el aliento sin mesura
.
Déjame grabado un sueño
y sea abril y los colores.

A mitad de la esperanza
y en los límites de mi deseo

Duda razonable



Estamos acostumbrados en nuestra época a que el erotismo apenas ya existe en la exposición de los temas narrados y todo se torna sexo explícito. En el cine predominan interpretaciones un tanto planas basadas en el simple desarrollo de unos diálogos más o menos ingeniosos. Los gestos suaves, los párpados entornados, las medias sonrisas…, parecen pertenecer a otra época.
Pero no siempre ha sido así. La postal que hoy os muestro es un ejemplo del lenguaje gráfico que se usaba en un tiempo no muy lejano, en donde se construían historias con pocos elementos y la imaginación estaba llamada a ser cómplice de lo expuesto.
Vemos en la fotografía a una pareja: él parece que lo único que le importa es ser cariñosos con ella. La chica está con los ojos un tanto traspuestos y en actitud pasiva recibiendo, aparentemente con deleite, las caricias. ¿Pero esto es así realmente? Y es que en la esquina superior izquierda aparece la figura, inquietante, de una niña. Está ahí, como levitando entre las cortinas, encima de una nube verde, lo que hace que reorganicemos todo lo visionado y nos preguntemos que hace ahí esa figura fantasmagórica y en quién o en qué piensa ella. A él, en cambio, se le ve muy concentrado en su quehacer.

Una aclaración a amigos de la blogosfera que me han preguntado: no eran fotografías en color, eran excelentes fotografías en blanco y negro iluminadas a manos con anilinas, pues aunque, la primera fotografía en color fue obtenida por el físico James Clerk Maxwell en 1861, no será hasta 1907 en que llega al mercado la primera película fotográfica en color (Autochrome). Más tarde, en 1935, aparece KodaChrome y en 1936 apareció la tecnología desarrollada por Agfacolor.
En cualquier caso, no se llegó a popularizar su uso hasta mediados del XX.

Marcho unos días de viaje, por lo que nos reencontraremos por la primera quincena de diciembre, si todo marcha según lo previsto.
Abrazos mil.

Esta noche te vi

1913

Esta noche te vi. Un remolino
y la distancia interpuesta. Arrastrabas
al tiempo. Veías
de los más vivos caminos
de los sueños.

Al alejarte,
mi nostalgia se convirtió
en una pequeña tiranía.

Intemporales


Vuelvo a ofreceros esta evocación a la nostalgia que ya publiqué en este mismo blog hace casi un año. Para los no lo habéis visto, espero que os guste y para los que ya lo conocéis, os agradezco vuestra comprensión. Poned los altavoces y disfrutad, al menos, tanto como yo cuando lo compuse.



video



Derrotado de luces

1927

A veces busco tu piel
entre mis dedos
y derrotado de luces,
me pierdo

en los caminos sin fin
de la noche.

Por un beso...




Marcho de viaje. Estaré hasta fin de mes en Andalucía, donde pasé mi infancia y juventud.
Voy a reunirme con los compañeros de estudios en una cena para recordar, quizás con nostalgia, tiempos mejores.
Mientras tanto os dejo esta foto de una época en que los besos sabían de otra forma y que para buscarlos y compartirlos se hacía cualquier cosa.

Y también os dejo la rima XXII de Gustavo Adolfo Bécquer:

Por una mirada, un mundo
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡yo que sé
qué te daría por un beso!


Enmarcas fulgores



Enmarcas fulgores
que el topacio envidiaría.
Giras y los encajes inmaculados
caen sin apenas rozarte.

Esta noche en la quietud,
tus senos son un torbellino.


Un rumor de dalias



Si acaso aventas miradas,
y los iris flamean
se bifurcan
y se escapan, recuerda
al menos el brillo
que puso la lluvia sobre tu cara.

Apenas eso
quedará en la parte
compartida del cerebro,
cuando esta tarde
caigan guirnaldas de rayos
y encuentre en tus dedos
un rumor de dalias
y pequeños recuerdos.

La vida sigue



HOY he vuelto a mi calle.
No la recuerdo con tanto silencio.

Dónde están las rayuelas,
los balcones tallados en perfume,
las azoteas que, de tan limpias,
eran herida.
Las palabras de amor de Lucía,
o las risas de Juanito,
(se nos fue con casi nueve).

Alguien dirá que es otro tiempo.
Que la vida, muy al sur,
sigue en otras calles,
que también hay caricias
guardadas en otras manos.

Pasaron las palabras de Lucia,
pero hay palabras y otras risas
que levantan geografías tan hermosas,
como aquellas calles fueron.

Tan larga ausencia

1908


SI ESTA tarde vienes,
no preguntaré
por tan larga ausencia,
ni por los amores dejados
al borde del camino.

Sólo encontrarás
mis manos para retenerte
y dar vida a los poemas
que dejamos inacabados.

Si vuelvo a ti


SI VUELVO de la ausencia,
es porque vuelvo
al filo encendido de tus brazos
y a las horas apacibles del recuerdo.

Si vuelvo a ti,
es porque te siento
tan fugaz como un suspiro,
como la transparencia
de un sueño.

Viviré tu universo

1923

Viviré tu universo,
la costa de una isla
que no vi nunca
y cuando otra vez,
vuelva la inocencia,
iré a buscarte
donde abre la noche.

Fugaz como un trueno

1904


SERÁS en apacible exilio
acaso, algún deseo.
De esos que rondan
los pliegues del ocaso.

Fugaz como un trueno
y una caricia al límite
de tu imagen y un adiós.
Cuando los párpados
disparen al carmín
y al musgo de tus labios.

Terciopelo helado
entre las almenas
de tus palacios.

Detrás del aire

1912


NO es refugio mesar
las hierbas de los campos
si no queda más paz
que los caminos.

Tal vez, entonces,
me apoyaré entre las sombras
y viva los vacíos
de los silencios.

Así, quizás te hallaré,
detrás del aire
que casi ya no siento.

El mismo poema

1910


Llegará otro aliento,
la voz enronquecida
y el tiempo que mueve
y mata la tarde. Llegará
otro silencio
como carne viva.
Y entonces, ya no estarás.

O estarás lejos.

Porque había otro camino
y otro recuerdo.

Como el mismo río
que siempre pasa

y otra calle.
El mismo poema
que ronda, que se repite.

Y te hace eterna.

Días de mansa lluvia




Al volver días de mansa lluvia,
se agolpaba el deseo en los labios.
Y saciaba siglos de interrogantes
al descubrirte:
el páramo revivía en oasis,
el horizonte te buscaba
entre árboles dormidos.
Y junto a las tapias de mi ingenuidad,
elevaba, por instantes, tu nombre.


El frío de la madrugada



CADA hora era sentir
un susurro de tu soledad
y un soliloquio tan triste,
que dejaba los deseos
adormilados.

Un dolor cotidiano
era la evidencia;
ya no valían sueños
jamás realizados.
Nos cubrió el frío
de la madrugada.


Por la calle triste

1912

NO hay palabras,
sino cierzo y nieve.
El exilio que doma
y el río de la noche.

Lejos, por la calle triste,
la princesa de ojos infinitos.

Niebla en los sentidos
y el silencio que la sombra
entroniza.

Tu rastro huele a crianza




EN el tiempo honrado
de la vida cruzo el erial.

Y tu rastro huele a verde,
a modestia, a corral abierto
y a crianza.

Qué puedo decir,
sino que lejos bulle la ciudad
que tú ni viste.


Hotel Riad Mehdi, habitación 404

1915



QUÉ hacer sino robar hogueras,
buscar al poeta,
mendigar la humedad de otra orilla.

Y encontrar un amor de aire,
el miedo a no ser nada,
y, a veces, el silencio que se impone
y deja sin sentido los últimos suspiros
despechados por la lluvia.

Entonces la luz se proyecta sin vida
y destruye la escena:
dos cuerpos en puro vaho,
Hotel
Riad Mehdi, habitación 404,
Marrakech.

Había allí un mirador,
lo recuerdo,
por donde pasaba el mundo.

El murmullo de una ciudad
hermosa e ideal
que marchó y nunca vuelve.

Nunca sabremos por qué,
a nuestro pesar,
persiste la memoria.

Por qué la soledad
es una fiebre en nuestra piel
que nos envuelve
y nos deja el paladar
pegado al salobre.

Y el bronce que toca arrebato

1913


DISFRUTA la fina lluvia
que vivifica y sacia la vieja memoria
de hojarascas y neblíes.

Así vienes tú: llegas a mi
y asciendes por mis venas;
te conjuras en mi esencia solitaria
y tu boca, despierta de besos,
florece mi desierto con cerezas y damascos.

Y vienen contigo las plazas festivas,
el vino suave y el bronce que toca arrebato.
El hechizo que convierte
las horas en instantes.
El aire vivo que cruza la estancia
y arraiga en tu cintura.
Y azúcar en el brazo inmenso
que desarbola y me clausura.

Hoy no voy hablarte de tristezas


PERCIBO el cansancio en tu mirada
y tus párpados llevan
el íntimo secreto de tantos domingos
domados por la vida.

Pero hoy no voy hablarte de tristezas.

Ahora con el almendro ya en sazón,
ahora que está como pan de oro
nuestra calle
y las ventanas se van abriendo
mientras caminas,
la primavera está temblando
en sus esencias
y pronto vendrán los niños
del colegio. Con sus risas
tan blancas, con sus risas tan blancas.

Son como la propia floración:
llegan del frío y saturan de savia nueva
nuestras venas.

Tienes el resplandor




TIENES EL RESPLANDOR

que alumbra la campiña,
el canto del equinoccio...

Y marcas el sendero
donde corona el trigo
y el vino joven
que refugia la tiranía
de la tarde.

Quién dirá tu nombre

1904


DÓNDE FUE TU RISA
que, al morir, nacía.

Quién dirá tu nombre
donde el crepúsculo
no es tregua, sino milagro.

Quién lo pronunciará,
sino la propia tierra
que te cobija.

Y lo verdeas


CUANDO CAIGA EL SOL,
arrópame,
que me quedo
sin palabras que junten
el silencio
y los deseos nuevos.

Sé yo, sin tú saberlo,
que llevas un aroma
de caminos.

Una revolución de memoria
y palabras.

Algo así como un pretexto,
una linde más allá
de la tierra salitrosa,
donde todo se hace vida
y es un puro remanso de ti,
y lo verdeas.

Alumbras la noche


QUÉ VALE SINO LA PASIÓN
hendida en tu piel.

Qué sino tus manos, qué sino
este ardor que escuece
como si nunca sanado.

Alumbras la noche
y cada instante es poco
en tanto amor.
Fotos y poemas que han vencido el olvido