Cartita

Cartita
Disculpad si, a menudo, no contesto a vuestros amables comentarios. La falta de tiempo me lo impide.
Os los agradezco de corazón y espero de vuestra generosidad que sigáis haciéndolos. De ellos me nutro.

Todo se hace nuevo en el silencio


Poema de mi libro "La niña de la colina". in-VERSO, 
ediciones de poesía. Barcelona, 2012

En estas fiestas y siempre os deseo...


Hay una copa / que espera celebración / luz no prentendida / y una lluvia de nostalgia / que me empapa.

¿Dónde la calle que lleva tu nombre?


DÓNDE la calle que lleva tu nombre,
la casa de las buenas noticias,
muebles antiguos, ennoblecidos.
Y Serrat, Celia, Brassens.
Excelso Louis Armstrong:
What a wonderful world!

Los veranos amanecer a las doce,
tardes de café y besos.
Noches de mar, vino de pitarra.

Adioses roncos, apenados,
piénsame cada día...

Caducan las promesas.

© Felipe Sérvulo
"Ahora que amaneces"
Playa de Ákaba, Getafe, 2013



Te haces norte


CONFORME AVANZA el frío,
te haces helero, te haces bruma,
te pierdes por la loma más lejana.

Te haces norte.

Pronto volveré al país
de las fresas y arándanos,
donde el único invierno
es tu propia ausencia.

La ciudad de hielo
© Felipe Sérvulo

Dicen que la estrella Polar cambia cada veinte mil años


Dicen que la estrella Polar
cambia cada veinte mil años.
Pero eso no debe preocuparnos,
para entonces
ya no tendremos recuerdos,
ni un mal beso
que llevarnos a la boca.

Tal vez, lo mejor ahora
sea levantarse pronto
y sacudirnos el tedio.

Darnos un chute de vida,
tomar ese sol invernal
-va tan bien para los huesos;
e ir a las rebajas
de El Corte Inglés,
remover todo y no comprar.

Pero lo mejor del día,
es cuando pides un chocolate
y entre sorbo y sorbo
me miras golosa y dices:
- ¿Sabes?
Aún te sigo queriendo."


Paisaje del trigo
© Felipe Sérvulo

Ángel González quiere probarte con la boca



Esta ciudad parece
que te ignora,
pero resulta
que todas las calles
saben a ti.

Sin embargo
tanto tardas en llegar
que el vigilante
me ha prestado un pañuelo
para que enjuge
las lágrimas.

Luego pasa el otoño
y nos metemos en el frío
y a una legua
escojo un libro.
Resulta que Ángel González
quiere probarte
con la boca.

© Felipe Sérvulo
El último vagón

Al fin y al cabo volvemos a nuestra cuna


Si cuando me nombras
nadie responde,
coge días en préstamo.

En el baúl encontrarás
entre otros utensilios,
el astrolabio de la memoria;
enfila la circunferencia,
gira la aguja
y elige tu estrella.
Te llevará donde nace Orión,
que es el tuétano de los sueños,
para fundirnos y volver juntos
con los primeros alisios.

Al fin y al cabo,
volvemos a nuestra cuna.

© Felipe Sérvulo

Albergue de transeúntes








Dos sílabas


Ahora tanto octubre
y lluvia
forman riachuelos
que cruzan
la ciudad y llegan
a tu casa.

Para que sepas
que te busco
esta noche fría
para decirte
que oigo
tus latidos
y tu nombre,
apenas dos sílabas
que me esclarecen,
que atascan los relojes,
que no sé de ti
desde hace ya
casi una hora,
que es casi
una vida.

Que esto debe ser
lo que llaman amor,
que también
tiene dos sílabas
que encierran
los relámpagos
de este octubre
donde la lluvia
te busca.


© Felipe Sérvulo
El último vagón

Espera...



Me han envíado este poema "Espera" emitido en Cadena Radio. 
Es un placer compartirlo con vosotros.
Es de mi poemario "Hasta el límite de la violetas"

http://www.ivoox.com/espera-felipe-servulo-audios-mp3_rf_3540984_1.html#

Hay tardes


Hay tardes 
que al pasar el día
se hacen nuevas
y otras tardes
de domingo que si no
te escribo un verso,
parece que se va la vida.

Hay más tardes,
aquellas que ponen
los otoños del Ateneo,
que tienen una melancolía
así como la tuya:
alma adentro.

Y un abismo
en el fondo de tus ojos,
son tardes que diluvian
palabras absurdas
cuando hablamos
a deshoras.

Y tardes
que devuelven esperanza,
porque en ellas
como besos,
proclamas moratoria
a la derrota.

© Felipe Sérvulo
El último vagón

Pan de centeno


9.30. Calle de la Iglesia;
he ido a comprar
pan de centeno.

Gritos de niños
en vacaciones,
tiendas de pakistaníes
con letreros en catalán,
en un paisaje
que no me reconozco.
De pronto resulta
que eres tú la calle
de la panadería,
la tienda
de los pakistaníes
donde se vende
cardamomo y canela,
el pan de centeno
de la mañana
y los niños
con sus skates.
Acostumbra septiembre
a poner un toque
de melancolía
cuando se apaciguan
las flores.
Y deja que la ciudad
se inunde de ti.

© Felipe Sérvulo
El último vagón

Te pido cita


Te pido cita
un viernes cualquiera,
en la plaza de esa ciudad
que solo existe
en nuestros sueños.

Y la pena se derrite
este julio sofocante
cuando llamas y tu palabra
que se vuelve jardín
y caen flores de acacias
que chispean y refrescan.

Me estremece el cielo
refulgente que me abarca,
la ofrenda cobriza
de media tarde.

Y el verso que sorprende
porque viene de tan lejos,
y es que estoy vivo 
y así te manifiestas.

© Felipe Sérvulo
El último vagón

Daniel Barenboim, para el otoño



Aquí no hay tristeza,
solo asombro
cuando miro tus pupilas
y atrapas uno a uno
los mosaicos alados.

Habrá que regresar pronto
al Palau,
donde no es necesario
decir palabras,
habla por nosotros
la definitiva belleza
de las formas.

Sea la voz para gastar
por esta Barcelona donde están
esparcidos los recuerdos.

Que no haya otra música
que las buenas noticias
y los días con sus noches
que repitan las notas
de los sueños.

En el vestíbulo
anuncian Parsifal.
Daniel Barenboim,
para el otoño.


© Felipe Sérvulo
El último vagón

Y eso ya será mucha vida


Antes de que tus pasos
se alejen de este cuerpo
que tú ves hermoso
porque tú todo lo hermoseas,
esta habitación habla con tu voz.

Y resuena en ella la plenitud
de las horas ciertas
y en las manos la lumbre
que dejaron las caricias.

Habrá, tal vez, más encuentros
marcados en el calendario
y hasta es posible
que surjan proyectos nuevos.
Y eso ya será mucha vida
y será mucha suerte.

Que nadie borre tu nombre
de nuestras calles.

© Felipe Sérvulo
El último vagón

A ver donde te encuentro


Hay soledades que son solo
una ciudad noctámbula
y trae algún un recuerdo hermoso,
porque la vida, a veces,
nos da una tregua
y resistimos la madrugada.

Y hay algunos días
en que tus versos
se hacen aire,
me llenan los pulmones
y mis ojos que te miran
solo un poco,
porque nunca hubo nada
y ahora palpitas.

Y otro hogar desierto
que te hace transparente,
marchas a los suburbios
y me confundes.

A ver donde te encuentro.

© Felipe Sérvulo
El último vagón




Reconciliación


No decir a tiempo
- te comería a besos,
tiene efectos secundarios.

Luego vendrán promesas,
repartir el corazón
entre palabras y notas
de una sonata rebrotada.
Volver al origen y redimirnos.

O pasear por una Rambla crepuscular,
las esquinas perdidas
en cien lenguas extrañas...

La carne en desmesura,
la desmesura de las flores,
la frontera azul
cuando termina el camino
y, más allá,
vislumbrar otro comienzo.

Tantos pasos
y siempre volvemos
a donde nunca nos fuimos.


© Felipe Sérvulo
El último vagón

Este pueblo todavía es mío


Este pueblo todavía es mío
porque yo así lo quiero,
aunque ahora andan
las calles desamparadas
y ya nadie está
sentado en su puerta
en estas noches
que acudes con tu brisa,
estallas en astrales
y siento un ingrávido
efluvio de espigas
que me redime
de cualquier rencor antiguo.

© Felipe Sérvulo
Paisaje del trigo

A siete calles de tu hogar


A siete calles de tu hogar
tomaré el autobús nocturno
y entre el caos
y tediosas arquitecturas
me iré con la noche proletaria.

Recorreré puentes y cañadas,
lomas y bares
a pie de carretera.

Circularé sin remisión
por la autopista
triste, con teléfonos para emergencias.

Vislumbraré constelaciones
y cuando me rinda el sueño,
sabré que la lejanía
es poco más que un paisaje pobre
que sólo habitas tú.

               
                © Felipe Sérvulo
"Casi la misma luz"
Tágilis Ediciones, Almería, 1999.


De repente todo me habla de ti


De repente todo me habla de ti:
el telediario de la noche,
el loro de madera,
tu Nancy ropitas,
las flores en su florero
y tantas hojas otoñales
que van cayendo
de los calendarios...

Hay un diosecillo
especialmente cabrón
que se ha instalado
entre el yunque y el estribo
y me mortifica
con la letanía de tu nombre.

Caigo en la cuenta:
ese es el IVA
que debo pagar por amarte.

Sencillamente una persona
es una brizna,
tal vez nada,
si acopia soledades,
confunde ilusiones
y no cancela la hipoteca
de su propio olvido.


© Felipe Sérvulo
Del tiempo y otras fruslerías”

Ir a las rebajas de El Corte Inglés


Dicen que la estrella Polar
cambia cada veinte mil años.
Pero eso no debe preocuparnos,
para entonces 
ya no tendremos recuerdos,
ni un mal beso
que llevarse a la boca.

Tal vez, lo mejor ahora
sea levantarse pronto
y sacudirnos el tedio.

Darnos un chute de vida,
tomar ese sol invernal
-va tan bien para los huesos;
e ir a las rebajas
de El Corte Inglés,
remover todas las plantas
y no comprar nada.

Pero lo mejor del día,
es cuando pides un chocolate
y entre sorbo y sorbo
me miras golosa y dices:
- ¿Sabes?
Aún te sigo queriendo.

© Felipe Sérvulo
Del tiempo y otras fruslerías”

Felipe, no sé volar


¿Ves el Mediterráneo?
- Felipe, no sé volar.

Y sin embargo te elevas
en esta ciudad sin nombre,
donde me cobijas
cuando no queda un horizonte
que llevarse al corazón.

Pero... ¿No ves el Mediterráneo?
- Felipe, no sé volar.

Hay un mendigo en la esquina,
un cuerpo entristecido
que se ofrece por cuarenta.
Hay una tarde extraviada
cuando estás ausente.

Y cicatrices que restallan
porque cierras los ojos.

© Felipe Sérvulo
"El último vagón"
Fotos y poemas que han vencido el olvido